Está claro que en general los seres humanos somos muy distintos, es lógico, de cierto modo es parte de lo que nos hace "humanos". Los gustos, las decisiones, las cosas que nos tocan vivir conforman no sólo nuestra personalidad y esencia, sino también, nuestros aspectos físicos. Aquí recuerdo a Maturana y sus conceptos del determinismo estructural y la autopoiesis. A grandes rasgos, lo que señalaba este gran autor es que nos acoplamos a nuestro entorno tanto psicológica como físicamente... De ahí que alguien que viva en la zona cercana a los trópicos tiene una piel más morena, por efectos del sol quizás, y rasgos mas morenos, en comparación con alguien de la zona anglosajona que tendría rasgos más claros y la piel menos tostada... Eso en cuanto a los aspectos físicos, ya que en los aspectos psicológicos son más claros, las creencias, religiones y costumbres son la clara prueba de que dependiendo en el lugar que estemos nos acoplaremos a nuestro entorno y tomaremos diferentes actitudes... (Podría hablar mucho de este tema que tanto me apasiona, pero eso dejémoslo para otra ocasión)
A lo que quiero llegar con este post es a pensar o tratar de identificar cómo estas diferencias influyen en nuestras relaciones interpersonales...
Pero no seamos tan negativos... Primero veamos los aspectos positivos de nuestras diferencias... La posibilidad de "complementariedad", nuestras diferencias pueden servirnos si es que tú tienes algo que a mí me falta y yo tengo algo que a ti te falta... entonces juntos podemos aprender del otro para ser una mejor persona... Eso es lo positivo de nuestras diferencias... Ser capaces de encontrar el punto exacto en el que tus valores y opiniones distintas a las mías pueden complementarse con las mías para formar un todo más completo en cada uno de nosotros...
Pero convengamos que las cosas nunca son tan fáciles... y lo más común es que nuestras opiniones se contrapongan y que cada uno de nosotros intente hacer que el otro piense como yo... Muchas veces no somos capaces de respetar el pensamiento del otro y hacemos todo lo posible por darle a entender que nuestra postura es la correcta, sin darnos tiempo a analizar que quizás una opinión diferente más que una amenaza puede transformarse en un complemento para nuestro crecimiento...
Ahora ya en las relaciones tanto de amistad como amorosas... Pensaba... ¿Hasta qué nivel podemos aguantar nuestras diferencias para mantener una relación sana? ¿Dónde están los límites para no caer en la desagradable práctica de querer cambiar al otro y hacerlo perder su esencia? ¿Cómo saber cuando ceder? ¿Cómo saber hasta que punto podemos pedir cambios?
Siempre he pensado que hacer cambiar a alguien sólo con la intención de que me agrade más a mí, es un acto de egoísmo desmesurado.
Ahí aparecen mis contradicciones y cuestionamientos... ¿dónde esta el límite?
¿Hasta qué punto las diferencias pueden llegar a afectar en nuestras relaciones interpersonales?


